Dormía,
y soñaba
que la vida
era alegría.
Desperté,
y vi
que la vida
era servicio.
Serví,
y vi
que el servicio
era alegría.
Dormía,
y soñaba
que la vida
era alegría.
Desperté,
y vi
que la vida
era servicio.
Serví,
y vi
que el servicio
era alegría.



No se trata de hablar,
ni tampoco de callar:
se trata de abrir algo
entre la palabra y el silencio.
Quizá cuando transcurra todo,
también la palabra y el silencio,
quede esa zona abierta
como una esperanza hacia atrás.
Y tal vez ese signo invertido
constituya un toque de atención
para este mutismo ilimitado
donde palpablemente nos hundimos.